El inmoralista – André Gide

Inmoral

El escritor es sabio, Gide lo es al menos, y avisa. Sabe que ha escrito algo que puede dar miedo, algo difícil de encajar. Como un cobarde se refugia en la ambigüedad de las palabras, pero sabe de su fealdad, sabe que puede ser visto, y avisa durante las primeras páginas que el lector no se horrorice, que tiene alma aunque pueda no parecerlo, y que lo que hay ahí escrito no tendrá mayor respuesta que la que el que lo lea le busque. Él avisa y el resto callan, confía en que lo insinuado no pueda ser expuesto.

Atreveos a mirar al Inmoralista que vive en la sombra y suspira escondido. Él se mueve sin hacer ruido y se esconde tras un rostro. El Inmoralista respira jadeante y entrecortado porque le aterra ser descubierto. A veces se relame, pero su lengua seca y afilada le corta, y nada brota de la herida. El Inmoralista se parece al cuerpo que lo esconde, pero es más alargado, sus hombros llegan más alto y sus rodillas más bajo, él parece incluso no tener ni rostro.

El protagonista tiene un nombre, pero es lo de menos. Es un aristócrata, vive de palabras llenas de humo, de falsa sabiduría. Es joven pero parece viejo, lo que lleva dentro le ha hecho viejo. Él cuenta a una cohorte de amigos (nosotros) cómo ha sido su vida, y paciente espera el juicio. Con sus titubeos nos pide que callemos, que le escuchemos hasta el final. Llega un día en que a la fuerza se casa, y lo humano, la apariencia de la normalidad y la convención le pudren. Y así cae enfermo, medio muerto, mientras que divaga por extraños países árabes viajando con una señora a la que dice amar, a la que dice ver hermosa, pero él no ve nada. Está enfermo y quiere morir, pero ¿por qué? Porque el horizonte de su vida no le permite sacar lo que lleva dentro, el Inmoralista no puede salir libre.

Un día en sus horas más bajas, mientras postrado en la cama solo encuentra entretenimiento en mirar el aire, viene un niño, un niño dulce y bronceado, lleno de vida. A él se le antoja una fruta madura y fresca, él tiene hambre y quiere comer. El hombre medio muerto empieza a revivir, empieza a ver la vida como un mar de oportunidades, sana, y así mejora por momentos, tiene ilusión, puede empezar a moverse. El Inmoralista empieza a salirle por la boca.

La historia tribula sobre climas llenos de lujo, el protagonista, y la mujer a la que llama esposa, se pasean en la opulencia, viajando y residiendo donde se les antoja, alejados de la necesidad. Él busca alimento, busca fruta, y es solo en los momentos en los que la ve colgada del árbol cuando vibra, ahí el texto es intenso, es cuando da miedo porque se derrite ante la presencia de la juventud, ante la energía pura que desea perturbar. Mírenlo, seguro que si miran saben verlo, tiene dentro algo afilado y silencioso, tiene dentro al Inmoralista.

Y la fuerza de este repugnante protagonista solo se ve cuando algo verdaderamente lo enfurece, a él le enfurece la fruta madura. La fruta que ya ha caído del árbol, la que al resto del mundo le apetece comer, eso le angustia, le da asco, le enerva. ¿Dónde quedan las gotas que te coronaban colgando de la rama? ¿Dónde está lo que amaba de ti, lo que me encendía? Es tan repugnante y tan cobarde este protagonista, este escritor, que no se atreve a decirlo, que no se atreve a gritarlo, ; y lo desea, y en el albor de ese grito callado duerme el Inmoralista.

¿Por qué ha pasado a la historia este libro?, ¿por qué se encuentra en alguna biblioteca que ya empieza a ser rara? El lenguaje es pomposo, el estilo poco depurado, no existe narración veraz ni aportación emocional al lector. ¿Por qué entonces? Quizá porque el Inmoralista sin ser visto nos observa leer un libro que no va acerca de él, una historia en la que se debe mirar fijamente para verlo. Lo que hace de esta lectura algo con relativo valor es lo que no queda explícitamente dicho, lo que de verdad domina el interior del autor y de su alter ego, el protagonista. Lo que vale es lo que da miedo, es su pasión por la fruta, es su pasión por el niño.

El protagonista se llama inmoral porque se supone que reconoce no amar a una mujer que lo ama. Pero eso es falso, las palabras esconden lo verdaderamente inmoral. Quedan representadas las frutas, las bellezas que anhela, lo que realmente lo motiva, lo perturbado. El Inmoralista aunque de soslayo queda impreso junto a las letras, pegado al papel, detrás solo de algunas oraciones, y aun así está ahí y si sabes verlo da miedo, porque aun sin rostro te observa.

Ilustración para Hijos de Mil Padres por Mellado

Anuncios

Un comentario en “El inmoralista – André Gide

  1. L'amour

    Si yo tuviese que elegir una imagen para ilustrar tu inmoralista sin duda sería ésta.
    ¿Dónde mejor se percibe con el mismo placer aquella imagen que estremece al Inmoralista?
    Los niños en la playa, sus pieles perfectas deslumbrando bajo el sol,
    situados como frutos de la naturaleza entre agua, tierra luz y aire
    como los hijos de la vida, los hijos del sol.
    Bodegón de manjares excelsos.

    Y esa mano ingenua del rubio que se rasca eentre las nalgas
    porque nada de malo hay en tocar aquello que Dios le dio con tanta gracia.
    esa mano ingenua que podría no haber sido retratada pero lo ha sido,
    y podría ser leída tan ingenua como lo es por naturaleza
    o leerse como una tentación.
    Tentación del autor de la obra de pintura
    Tentación del autor de la obra de carne, la naturaleza
    Tentación solo perceptible para el ojo torcido,
    pues ¿quién se excitaría con algo tan bello y puro?

    Y el moreno que con gesto travieso le invita a juegos infantiles,
    a revolcarse contra la superficie del mar
    como si hiciera el amor con el mundo entero,
    sin malicia ni esperma.
    Observándose los unos a los otros con confianza y sin disimulo
    tal como cualquiera debería poder observarlos.
    Pero hay algo que una vez cruzada la frontera del tiempo no nos permite fijar la mirada con tanta insistencia y sin castigo,
    algo que se creó en el mundo para ordenar los instintos.
    La moral.
    La moral que convierte a aquellos que sufren la naturaleza con más ardua intensidad
    en seres desgraciados, en inmoralistas.

    Pd. Me encantan tus escritos

    Le gusta a 2 personas

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s