Lucifer vivirá dentro de mí

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“No me entienden pero me lo esperaba, porque no son capaces. Estoy más allá de su experiencia, más allá del bien y del mal. Legiones de la noche, hijos de la noche, no repitan los errores del padre y no muestren compasión. Seré vengado. Lucifer vive dentro de nosotros.“ Richard Ramírez después de ser condenado a muerte.

Lucifer vivirá dentro de mí. Yo, Doreen Lioy, lo gestaré. Su hijo será nuestro. Richard seguirá vivo por la eternidad, y solo así lo entenderán. Estoy feliz, llevo 8 años carteándome con él y por fin me ha pedido que nos casemos. Cuando todos los trámites legales se cumplan entonces podré obtener la simiente de satán. ¡Qué placer!, anhelo que llegue el día. Hijo mío, cuando te engendre te contaré quien fue tu padre. Te contaré el día que lo ejecutaron estos necios. Te contaré el orgullo que supone reencontrarse con la muerte. Yo no soy tan fuerte, le admiro a él como te admiraré a ti. De tus manos brotará la sangre que por pura envenenará sus cuerpos, sus aterciopeladas pieles, su ley, su orden, su bonanza, su falsedad. Los destruiremos, pero hijo mío, yo no soy valiente, lo harás tú, los matarás a todos, en la noche, cuando la oración del averno te proteja.

Hijo mío, te contaré, te contaré cómo entraba en las casas de esos pusilánimes ratas, cucarachas repugnantes luchando por sobrevivir en la luz. Suplicaban, hijo, y tu padre los martirizaba. Les daba su merecido, se vengaba con tortura de la tortura a la que someten este mundo con aquello que llaman bondad, justicia y paz. Nada de eso existe. Las mujeres, suplicando clemencia en realidad deseaban el sexo de tu padre, y él como macho cabrío, las penetraba sin importar la edad, ni la raza, ni los llantos. Imploraban por sus vidas o las de sus maridos, que poco más valían, y él, como profeta del maligno, las mutilaba para que sintieran el placer de la violencia, el sabor de la sangre. Las violaba por el culo o por sus jodidos coños, ambos agujeros que expulsan la mierda de sus entrañas. Los hijos de dios. HECES, DESPOJOS. Hijo mío, tú impedirás que nuestro mundo se contamine, tú los mandarás a Disneyland. Allí tu padre los visitará cuando abracen la fantasía, cuando vivan en las nubes.

Jura tu amor por satán. Júralo. JÚRALO. “AMO A SATANÁS.” Jajaja eso hacía hijo, predicó la palabra, obligó a esos infelices a arrodillarse al único rey. Sus ajusticiados reptaban como babosas por el suelo resbalándose con su propia sangre. Una tuvo tanta suerte que la bala le salió por la nuca. Esa zorra quedó ciega y muda. Rezará en voz baja jajaja. Pero ten cuidado, hijo, nos infestan con sus mentiras. El pene de tu padre nunca se ablandó. Satanás lo azuzaba. Esa asquerosa vieja… no sabía el honor que estaba recibiendo. Yo la habría obligado a comerse su polla hasta los testículos para que saboreara dónde se gesta el verdadero Dios. La habría ahogado con su semen y su sangre, tan llenos de muerte. Le habría cortado los pechos hasta verlos necrosar. Soy tan cobarde… Mi señor me llena de ira. Solo él comprende, solo él me da sentido y aun así no soy capaz de hacer esto que digo. Pero tú hijo, yo te engendraré, serás hijo de tu padre, serás el merodeador nocturno, harás justicia. ¡Viva Satán! ¡Aaah! jajaja

Yo, hijo, te enseñaré la música. Yo, hijo, te enseñaré como el satanismo simbólico es dogma y es fe, es la religión cantada por Judas Priest y AC/DC. Te enseñaré cómo tu padre, sediento, se acompañaba de ellos escuchando sus mensajes para alimentar su valor, y cómo tras asesinarlos les hablaba para agradecerles que le arengaran como tamborileros en la guerra.

Tú, el hijo, honrarás a tu padre, a tu madre y a lucifer. Yo te criaré para ser dueño del mensaje, el verdugo y el agitador de la noche. Este mundo seguirá consagrado al círculo y a las estrellas. Cógelas, están marcadas en su mano con la daga del que te apellidará. No nos dejaremos aplacar por las mentes inferiores. Vivimos rodeados de dogmas, de cobardes, de mentirosos, de asesinos, de ladrones, todos con trabajos legales, gusanos hipócritas, enfermos… Nosotros somos sus hijos. Los mataremos, y cuando muramos, porque lo haremos, seremos vengados. Richard Ramírez es solo un nombre, pero los que merodean en la noche no tienen rostro y jamás podrán escapar de ese miedo.

Ilustración de Mellado

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