El sonido y la furia – William Faulkner

Ruido y Furia

El Mundo es uno, y la realidad otra. Uno no puede mirar hacia el azul de los cielos y ver el mismo tono de azul que otro, con sus matices y sutilezas. De la misma manera el árbol de corteza dura, viejo y antiguo, no siente el beso de la lluvia sobre su carne como la del árbol joven y blando, aún dolido por haber nacido. Faulkner nos dice en su obra, no solo en este libro, que incluso mirando por cuatro ojos distintos hacia el mismo pozo, ninguno de ellos llega a ver en el umbral de su oscuridad lo que hay en el fondo. Lo dice fuerte, todo el que pone atención lo escucha, y el mensaje entra dentro de ti para no marcharse nunca, durmiendo y despertando contigo, viendo tu azul y el de todos.

EL RETRASADO

No eres tú, es tu olor lo que me dice que vaya a ti.

  • Estoy solo, pero siempre me llevan de la mano. Voy hacia allá y son todo luces y gritos, y yo voy corriendo un rato, pero después me canso y él me dice: “No se pare señorito siga adelante, que aún nos falta un tramo” Escucho un ruido y empieza a caerme agua por la cara, y él me dice: “Cálmese, señorito, cálmese”. Y dice también “Uno no está para estas cosas, cuando sea más grande y tenga más plata ya me verá señorito yo todo engalanado y las chicas diciendo, ‘Eh mira quien va por ahí, quien será ese jambo con tanta plata’”. El agua para de salir rápida pero ha caído tanto que la cara se queda pegajosa. Hay un muro a lo lejos lleno de agujeros, de agujeros que cortan. Meto la nariz. Huelo a tierra y a mojado, me gusta. Y después la veo a ella, me sonríe, yo también sonrió. Es el único momento en el que soy feliz, ella me entiende, ella huele a tierra, y a mojado.

Ella es sonido, ella es furia.

EL ROMÁNTICO

¿Por qué yo?

  • Mi sangre está muerta, mi sangre está podrida ¿Cómo puedo sentir esto que me devora por dentro? Es injusto. Madre no puede enterarse, nadie puede hacerlo. Voy de camino, pero solo puedo fijarme en tu cabello, no lo tengo delante pero pienso tanto en él que lo veo. Soy capaz de verlo en los árboles, en el cielo, en el canto de aquel pájaro. Te veo allí y te veo dentro de mí, y es tanto lo que quiero poseerte que me quema, me quema vivo, y llevo ya mucho tiempo ardiendo. No debo querer ir a ti y eso es lo que me hace correr, si Padre y Madre se enteran… Soy yo lo que no está bien, tú eres perfecta.

Ella es mi sonido, yo soy mi furia.

EL CONDENADO

Nadie lo entiende.

  • Ahora os reis, pero os voy a hacer callar. Hija de puta, se cree que puede engañarnos a mí y a Madre. No te veo, pero como si lo hiciera. Zorreando y correteando por ahí, ofreciéndote como la guarra que eres, igual que tu madre. Tu madre ya hizo bastante, tanto que nunca pudo volver a casa. Y tú vas por el mismo camino, pero nadie me escucha. Le digo a Madre que yo sé de lo que hablo y que me deje hacer pero no escucha. El otro día cuando estaba acabando mi turno en el taller y te vi por la ventana hablar con ese negro cabrón apreté los dientes tan fuerte que el jefe me dijo, “Eh parece que has visto un fantasma”, y yo le miré fijamente a los ojos y él se fue todo huidizo. Cobarde asqueroso, yo también sé de qué pata cojeas. Y ahora voy hacia ti puta, y tú lo sabes. Voy rápido volando a la carrera como Mercurio, a todo lo que dan los caballos que refulgen contenidos dentro del coche. La rabia me sale por la boca y cuando te tenga enfrente se va a meter en la tuya. Corre fuerte que no te vas a escapar.

Vosotros sois el sonido y yo la furia

LA ESCLAVA


Os he mirado siempre pero nunca he visto nada.

  • Todos corren como locos sin fijarse en nada, a mí me da igual. Yo miro para lo mío. A la señora ya le queda poco, y con todos estos hijos que tengo veremos a ver qué hago cuando ya no esté. El señorito anda muy peligroso y yo sé que cuando ella falte va a ser su perdición total, pero yo no me preocupo, yo sé que Dios me escucha y que es justo. Cuando rezo sola a los pies de mi cama, o los domingos con los míos en la iglesia escucho como me dice, Tú eres el viento, Tú eres el viento. Yo le hago caso al señor y fluyo como el viento, entrando por las puertas sin que nadie me escuche, meciendo con dulzura la cuna del indefenso y aguantando mi fuerza para soltarla contra el malvado. Ay señora, que va a ser de nosotros cuando usted ya no esté. Mi pequeño se ha ido hace un rato con él y ya me preocupa que le haya vuelto a hacer algo, a ese grandullón imbécil no hay quien lo controle, aunque mi pequeño lo entiende.

Yo soy sonido y vosotros furia.

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