Un inquisidor en las Cortes

Ostolaza

Cádiz, 1810. Separada por un istmo de la península que es España, única ciudad libre tras la invasión napoleónica, los muros de Cádiz resistían el cerco francés con la misma firmeza que las olas sus periódicos estallidos; pues, si bien las bombas arreciaban sobre las calles, produciendo escasos muertos o el desnudo de algún edificio para ruina de sus habitantes, estos, por lo demás, realizaban vida normal.
Seguir leyendo “Un inquisidor en las Cortes”

Anuncios

La Perla – John Steinbeck

Perla

Ya no hay palabras, solo canciones. Reparen que esta no es una historia, es más bien un cuento, y en ello estriban diferencias. En los cuentos se habla sobre algo y no sobre alguien. Ellos, los cuentos, nacen y mueren en todos nosotros. Y le seguirán hablando hasta al último de los hombres sobre lo que esconde en el alma.

Seguir leyendo “La Perla – John Steinbeck”

Un manco en Barcelona

Barcelona

Todas las putas calles son iguales. Si te pierdes a las 7 de la madrugada sin llaves un sentimiento de fobia te rebasa. De momento son las 2 de la mañana. La ciudad está llena de paralelas y no se atisba riesgo alguno de secantes. La llaman diagonal. Una de esas puñeteras líneas oblicuas que a algún renegado se le ocurrió hacer para darle morbo a la ciudad. Como diseñar cosas en blanco. En blanco todo es mejor, se notan menos los resquebrajos. En fin, son las 2 de la mañana. Mis amigos se han ido ahuyentados por las historias de guerra de un empresario gallego. Se dedica al sector alimentario y bebe cubatas mientras come pan con tomate. Son las 2 de la mañana, pero no es extraño. Mientras se limpia aprovecha para tragar y seguir contándome cómo combatió en la revolución de Nicaragua. Se rebaña los dientes con la lengua y añade “la revolución sandinista, chaval”. Dice que ahora los jóvenes somos maricones. Ellos echaron a un dictador y nosotros no somos capaces de mantener el culo pegado al suelo de la plaza de sol. Yo asiento. Mi generación no destaca por el desacato a la autoridad. Tampoco nos lo ponen muy fácil, pero aun así nos quejamos de las multas astronómicas. No tenemos la perspectiva de un balazo en la cabeza o una paliza cada noche en el patio de una prisión. “Chaval, me caes bien. Dime qué quieres que esta noche vas conmigo.” Hace tiempo que mis amigos se fueron y no tengo nada mejor que hacer. Y lo agradezco. Que les den a mis amigos. Un gallego barcelonés me seduce con su acento y al parecer no piensa dejarme pagar.

Seguir leyendo “Un manco en Barcelona”

En el mal también hay belleza

10873408_10152452183675836_7494136410254493286_o

Año 1934. En Alemania, Adolf Hitler es el canciller desde hace ya bastantes meses. Causa fundamental, el crack del 29; la gran perjudicada de la Primera Guerra Mundial, Alemania, se hundió definitivamente en la miseria. El pueblo pide a sus gobernantes soluciones a corto plazo, cosa harto imposible teniendo en cuenta que la deuda con el resto de países combatientes de la guerra es abusiva, especialmente con el enemigo histórico, Francia. Así, el aparato de propaganda (y extorsión) nazi que antes de 1929 no había calado en el votante medio, utilizando las promesas de un futuro mejor y venganza contra las afrentas de postguerra, parece que empieza a hacer efecto. Trabajo y rearme, dice Hitler, y el alemán que va a la urna vota por la esvástica.

Seguir leyendo “En el mal también hay belleza”

De trepanaciones y daimones

Daimones-trepanaciones

“Los cenobitas de la Tebaida se hallaban sometidos a los asaltos de muchos demonios. La mayor parte de esos espíritus malignos aparecía furtivamente a la llegada de la noche. Pero había uno, un enemigo de mortal sutileza, que se paseaba sin temor a la luz del día. Los santos del desierto lo llamaban daemon meridianus, pues su hora favorita de visita era bajo el sol ardiente. Yacía a la espera de que aquellos monjes que se hastiaran de trabajar bajo el calor opresivo, aprovechando un momento de flaqueza para forzar la entrada a sus corazones. Y una vez instalado dentro, ¡qué estragos cometía! Cuando tal cosa ocurría el demonio sonreía y podía marcharse ya, a sabiendas de que había logrado una buena faena mañanera”.

Aldous Huxley, Al Margen (1923)

Seguir leyendo “De trepanaciones y daimones”

El inmoralista – André Gide

Inmoral

El escritor es sabio, Gide lo es al menos, y avisa. Sabe que ha escrito algo que puede dar miedo, algo difícil de encajar. Como un cobarde se refugia en la ambigüedad de las palabras, pero sabe de su fealdad, sabe que puede ser visto, y avisa durante las primeras páginas que el lector no se horrorice, que tiene alma aunque pueda no parecerlo, y que lo que hay ahí escrito no tendrá mayor respuesta que la que el que lo lea le busque. Él avisa y el resto callan, confía en que lo insinuado no pueda ser expuesto.

Seguir leyendo “El inmoralista – André Gide”